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GANADERÍA DE JOSÉ CRUZ

Amanece de nuevo sobre los cercados helados, vuelve el invierno después de muchos días de lluvia. Los becerros llaman a sus madres con sus berridos, a lo lejos, la niebla sobre el río. Desde mi ventana observo el nido de cigüeñas en lo alto del molino, vacío. Deberían haber vuelto ya, dejamos atrás san Blas, me entristezco y pienso… quizás se demoren, tal vez no encuentren el camino de regreso…quizás no regresen nunca más y otras cigüeñas ocupen su nido.

Me embarga la tristeza. Cuanta este último año, demasiada ausencia, inmenso el vacío . Mis ojos lloran de nuevo, cuanta lucha en mi para volver a sentir este mágico lugar. El, Don José Cruz , mi padre, aita, lo creó para que yo pudiera expresar mi alma rebelde en la búsqueda de esa manera de embestir de un toro, de una becerra que tanto nos emocionaba.

Respiro hondo y enciendo un maldito cigarrillo, me asomo al porche, me sereno, la niebla se cierne sobre Cabezal, me acompaña el piar de los pájaros, siempre lo hacen, hermosa armonía llena de equilibrio y mágico sosiego en esta naturaleza, yo en su búsqueda camino.

Me froto los ojos llenos de lágrimas. Soledad, ¡vete ya! quiero levantarme con una sonrisa, mi sonrisa, la que me abre tantos corazones, la que hace mi llegada fácil a las gentes. Esa comienza a llegar a ráfagas, pero luego se va o la echo de mi por mi rebeldía, mi orgullo, mi soberbia.

Ojalá vuelvan las cigüeñas u otras ocuparán su lugar. Tu aita, te fuiste y ya no volverás, nos quisimos tanto y con tanta verdad que ahora me cuesta mucho caminar.

De nuevo escucho a los becerritos con su berreo llamando a sus madres, que maravilla de Cabezal, único, especial, un lugar para soñar! Te prometo luchar, mañana amanecerá de nuevo y yo quiero con mi sonrisa ser quien encienda el sol.

Te prometo luchar.

Rafael Cruz

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